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La Coctelera

jpfrancis1

31 Enero 2006

El verano que perdí la inocencia

Era el 17 de agosto del verano de 1985, mi primer verano trabajando como socorrista en la playa de Island Beach State Park en Nueva Jersey. Casi había terminado mi verano como bisoño, el verano en que todos los socorristas novicios aprenden (y sufren) mucho. Dentro de apenas dos meses me había convertido desde un adolescente hasta joven adulto. Todos nosotros, los bisoños o los “rookie dogs" como nos llamábamos, habíamos hecho una transformación desde principiantes que no sabían nada sobre el océano hasta principiantes que ya podían ver cosas. Sin embargo, no habíamos llegado a ser verdaderos socorristas, capaces de sentarnos en los bancos solos para vigilar a unos cientos de personas.
Este día empezó terrible. Había vientos fuertes, temperaturas bajas y olas grandes, justo el tipo de tiempo que les hace a todos los turistas querer buscar otro tipo de diversión aparte de ir a la playa. Pero, esa mañana, había salido un autobús de la ciudad de Newark, Nueva Jersey, con un grupo de 50 jóvenes, unos de ellos que nunca habían visto antes el mar. Siendo que habían planeado este viaje hacía dos meses, no importaba el tiempo. Iban a venir a nuestro parque, el cual tiene la fama de ser una de las joyas de la costa del este de los de los Estados Unidos. Si hubieran sabido lo que iba a pasar esa tarde, hubieran cancelado el viaje.
Cuando llegaron al parque, todavía estaba lloviendo. Por eso, nuestro capitán decidió esta mañana que, en vez de haber tenido puestos 15 bancos para vigilar al agua, solo tener cuatro. ¿Para qué serviría tener puestos tantos puestos si no viniera nadie a la playa? De hecho, muchos de los socorristas con la mayor cantidad de experiencia habían tomado la opción de salir para el día sin pago. Eran estos días, después de todo, los que odiaban más los socorristas. Mejor pasar un día así en la casa, descansando, que en la playa sentado mojándose en la lluvia.
Llegó el autobús al parking a las dos de la tarde. Todos los niños tenían muchas ganas de ir a ver el océano. Había unos que nunca lo habían visto antes. No tenían ni idea de los peligros que les esperaban en los aguas tan ajenos y agitados. Justo cuando pisaron en la playa, apareció el sol desde detrás de las nubes. Todavía rompían las olas más grandes que habíamos visto hasta ese punto del verano, pero el mar parecía mucho menos peligroso debajo del brillo del sol.
Antes de que sus consejeros pudieran avisarles a no entrar en el agua, unos cuatro chicos del grupo se pusieron a correr hacia el mar. Los salvavidas podían ver que iban a intentar a meterse en el agua en la parte de la playa más peligrosa por sus corrientes muy fuertes, pero no podían hacer nada. Pitaron con los silbatos intentando a avisarles del peligro, pero los niños no les hicieron caso. Al meterse en el agua, fue evidente que no sabían nadar. Todos los pocos salvavidas en la playa corrieron al lugar donde entraron los niños, pero al llegar, solo podían ver tres de los cuatro. Los que permanecían en el banco vieron que uno de los niños se había desaparecido bajo una ola muy grande.
Estábamos los socorristas en el agua unas dos horas y media buscando a este niño de 11 años. Se había perdido la vida demasiado joven. Me acuerdo de los sonidos de los helicópteros que sobrevolaban el escenario, intentando a ayudarnos a encontrar a este jovencito. Fui yo que lo encontré, su cuerpo frió al toque, con ojos abiertos, con una mirada fija, como si estuviera viendo algo en la distancia. A veces, me despierto por la noche y todavía veo su cara.
Ese verano me convertí en adulto, y perdí la inocencia.

servido por jpfrancis1 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mercedes

Mercedes dijo

Tremendo relato, y muy impactante la forma de transmtirlo. Tal vez por eso no tengas otros comentarios: la impresión es tan fuerte que parece que no se pueda decir más, el lector se queda sin palabras.
Pero no quiero obviar que la estructura me ha parecido también muy buena. Después de situar al lector, vas acercándote poco a poco hacia el punto culminante de la historia. Proporcionas al lector algunas pistas, gota a gota, para que se vaya preparando ante lo que viene.
No me extraña que el título que le has dado sea ese: es muy acedrtado.

7 Febrero 2006 | 02:19 PM

Lena

Lena dijo

Jo, ¡qué relato más fuerte! Es verdad o es un cuento? Sea lo que sea es muy, muy impactante e impresiona mucho.
Saludos,
Lena

23 Febrero 2006 | 03:36 PM

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