El día en el que se acabó la música
Brian y Robby eran dos chicos muy “malos”. Sus padres no estaban en casa mucho y no les importaban lo que hacían. A sus escasos 12 años, los dos ya habían sido detenidos por la policía por varios crímenes. Eran los estudiantes que no les gustaban nada a los profesores. En otras palabras, eran los dos peores de la escuela.
Aquel día, estábamos los del quinto y sexto grado en el gimnasio, preparándonos para un concierto que íbamos a dar la semana siguiente. Nuestra profesora, la Señorita Mestern, una mujer muy trabajadora y cariñosa, quería que estuviéramos listos para impresionar a nuestros padres. Estábamos cantando cuando, de repente, hubo un disturbio en la última fila. Fueron Brian y Robby, peleándose como dos animales rabiosos. La Señorita Mestern se levantó desde detrás del piano y corrió rápidamente para separarlos. Ella estaba muy enfadada, pero nunca perdió el control, porque todos los estudiantes la respetaban mucho. Incluso estos dos chicos le hicieron caso y dejaron de pelearse. En vez de mandarlos a la oficina del director, les permitió seguir practicando. Ella era ese tipo de persona.
Después de resolver la gresca, ella regresó al piano y nos miró. Sin decir ninguna palabra, se cayó sobre el piano. El sonido del impacto de su frente contra las teclas fue terrible. Jamás podré olvidarme de los gritos de los estudiantes. La profesora de la clase de educación física estaba allí en el gimnasio y corrió a su lado casi inmediatamente. Como era niño, me pareció muy raro que ella estaba intentando a besarla mientras estaba tumbada en el suelo con los ojos abiertos. No entendía que ella estaba intentando salvar la vida de ella. Entonces, llegó al gimnasio el director. Me acuerdo de que él estaba diciéndonos que saliéramos inmediatamente del gimnasio y que regresáramos a nuestras aulas de clase. Me acuerdo también de que las profesoras estaban todas llorando en los pasillos.
La mañana siguiente, cuando llegamos a la escuela, nadie nos dijo nada sobre lo que había pasado. Cuando le pregunté a la profesora de educación física cómo estaba la Señorita Mestern, me dijo, “Jim, anoche se murió tu profesora de música. Lo siento.”
No sé mucho de lo que pasó con Brian, pero el verano pasado, vi a Robby en un bar del barrio. Estaba muy borracho. Nos pusimos a hablar sobre aquellos días en la escuela primaria. Él me preguntó cómo estaba todo en mi vida y le dije que tenía un buen trabajo y que había comprado una casa en un pueblo muy cercano. El me dijo, muy borracho, “Pues, Jim, me alegro de que todo te vaya de maravilla. Espero que pudiera decirte lo mismo, pero mi vida ha sido un desastre. ¿Qué puedes esperar de un chico que mató a su profesora de música.” Robby me despidió, pagó su cuenta y salió. Fue la última vez qué le vi vivo.
Este fin de semana pasado, me enteré de que Robby se había suicidado fuera en la puerta del gimnasio de la escuela primaria a la que asistimos. Tenía 36 años, y le gustaba mucho tocar la guitarra.

Mercedes dijo
Yo también conocí a alguien que tuvo una experiencia parecida. Su rebeldía en el colegio y el accidente de un profesor le llevó a pensar que la culpa era suya. Pasados los años, cuando nos encontramos y charlamos sobre los tiempos de escuela, me sorprendíó mucho que aún llevara aquello sobre su conciencia. Yo no había tenido tampoco -como el protagonista de tu relato- una relación muy cercana cuando éramos niños, pero me impresionó mucho verlo así de mayor. Afortunadamente, que yo sepa, sigue vivo.
9 Febrero 2006 | 11:32 AM