Un ganso tuvo que morir
Una vez estaba jugando golf en Nueva Jersey y maté un ganso. Es un cuento bien triste.
Tuve que tirar la bola sobre un lago en que había una manada de gansos. Pero lo hice mal, y la bola estropeó uno de ellos. La manada huyó volando, pero él quedó allí con la cabeza bajo la superficie del agua. Cuando llegué a donde estaba en el agua, me di cuenta de que no estaba moviendo y me pareció muerto. Lo cogí con uno de mis palos y lo lleve a la orilla. De repente, el ganso empezó a temblar. Todavía estaba vivo, pero su ojo estaba colgando del orbito y pareció que su cráneo había sido aplastado.
Decidí que tuvo que rematarlo para que no sufriera. Estaba tumbado en la hierba y empecé a darle golpes fuertes a la cabeza. Mis compañeros que estaban jugando no podían aguantar de lo que estaba pasando y siguieron caminando hacia la sede del club. Cuando termine el trabajo, había sangre y plumas por todas partes y me sentía un poco raro. Uno de mis amigos me dijo que tenía mucha suerte porque la bola había rebotado de la cabeza del ganso y estaba en el Fairway en buenas condiciones. ¡Seguí jugando y metí un birdie!
Me encantan los animales, pero aquel día, para que yo jugara mejor, un ganso tuvo que morir.

Charlitos dijo
No estoy seguro si tu entrada me da ganas de reírme o llorar. No, la verdad, es que te entiendo. Una vez cuando estaba en la secundaria estaba conduciendo en medio de un gran aguacero, un perro cruzó la calle, no tuve tiempo para parar y choqué con el perro. Se murió en seguida. Llamé a la policia y me dijeron que recogerían el perro y que fue la culpa de los dueños para dejar su perro fuera de casa sin correa. Pero me sentía tan mal, tan triste. Volví a casa, lloré y la mañana siguiente lo vi otra vez. La policía todavía no lo había recogido.
23 Febrero 2006 | 09:21 PM